Maranchón y su plaza de toros. A las afueras de la localidad. En Guadalajara. Una placita desde cuyos tendidos pueden verse esos molinos de viento que tan loco traían a Don Quijote de la Mancha. Igual que lo haría el toreo de Sergio Galán si el Hidalgo pudiera observarlo.
Artista abría plaza recibiendo al primero de El Capea. Un astado que ajustaba su embestida al caballo tras recibir tres rejones de castigo. Salía entonces la torería de Capote para revolucionar, junto con Titán, un perfecto tercio de banderillas. Una faena, que cerraba Óleo, tras la cual desorejaba a este noble primero.
Para recibir al segundo del lote sonaba un nombre nuevo, el de Alcotán. Un precioso caballo perla que toreaba por primera con Galán. Y vaya si lo hizo. Ambos lo hicieron. Templaba. Acompasando la embestida del toro con un movimiento ecuestre que calma bravuras. Embroque tomaba entonces partida en la faena para tachar más aún de “torero” el momento. Daba la vuelta al ruedo con el toro cosido al estribo y realizaba unos cambios de grupa en los que peinaba la cola con los pitones. Con todo ello salía Bambino. ¡Qué expresión más torera tiene este caballo! Y cuando todos dábamos ya por finalizada la faena, asomaban por la puerta de caballos los lazos blancos de Capricho. Otra de las nuevas estrellas de la cuadra. Otro caballo torero del tercio de banderillas. Taranto ponía punto y final a esta segunda faena que, de no ser por echarse el astado antes de tiempo, sería el bordado de oro del rejoneo. Un trofeo más paseaba Galán de este cuarto. Tres orejas que ratifican el toreo puro de este rejoneador.