“Ha sido mi año más redondo artísticamente”

Aun siendo muy joven, Sergio Galán es uno de los toreros a caballo que aporta más veteranía a su escalafón. Quizás sea por su concepto de tauromaquia basada en la más ortodoxa pureza lo que le comporta ese aire de rejoneador solvente que en ocasiones le resta premios, pero lo que no le quita es ni un ápice de interés para todos aquellos que en el rejoneo ven algo más que la espectacularidad de unos aires a caballo como es la lidia de un toro desde la armonía que presenta la naturalidad.

-¿Cómo resumiría esta temporada de 2017?
-Ha sido una temporada muy bonita en la que en cuanto a número de festejos resultó similar alas de años anteriores, en las que he toreado en ferias importantes cuidando más la calidad que la cantidad, que es algo que intento siempre hacer en mi carrera.

-¿Es Sergio Galán el rejoneador de Madrid?
-No soy quién para decir eso, pero si es verdad que es una de mis plazas. En mi trayectoria, Madrid ha sido fundamental y toda mi carrera se la debo a ella. Es una plaza con la que me identifico mucho y creo que la afición también lo hace conmigo y con mi concepto del toreo. Es cierto que se me ha dado bien. Lo que supone un sueño hecho realidad porque todo torero cuando comienza su andadura en la profesión siempre tiene la ilusión de poder algún día torear en Las Ventas y yo, gracias a Dios, me he sentido siempre muy aceptado.

“Me da miedo que se pierda la esencia del toreo por eso siempre he sido muy fiel a mi concepto, ahí tengo que marcar diferencias”

-Tras ocho puertas grandes de Las Ventas, ¿tiene la sensación de que el valor de éstas no es siempre correlativo con contratos en otros cosos?
-El mundo del toro ha cambiado mucho. Las circunstancias hoy día han variado una barbaridad con respecto a mi primera puerta grande. Fíjese, que, en aquella ocasión, después toreé unas treinta o cuarenta corridas; y ahora, tras salir creo que cuatro San Isidro consecutivos por la puerta grande, aunque nunca resta si es verdad que ha habido ocasiones que no he sentido esa fuerza que siempre se ha dicho que supone un triunfo en Madrid. Tal vez este año haya sido de los que más me ha ayudado para enterar en ferias como Málaga y sobre todo para ir creciendo y para mantenerte también en tu estatus.

-En Madrid hizo el paseillo tres tardes, contando otoño. ¿Se puede decir que la tarde de la puerta grande ha sido de las más macizas de su carrera?
-Fue un triunfo muy rotundo. Corté tres orejas y al primer toro lo pude cuajar. Eso hizo que este año notase más calor en las contrataciones. Es como si las empresas estuviesen más convencidas que en ocasiones anteriores. Pero claro, ya llevo ocho puertas grandes de Las Ventas. Si con este aval no me consolido no sé ya cuándo lo voy a hacer.

-¿El mano a mano de Otoño supuso la constatación de su madurez como torero?
-Fue el reflejo de lo que había sido la temporada en conjunto. Sólo corté una oreja, pero di una dimensión importante en la que la cuadra también respondió muy bien.

-Donde también dejó su sello fue en el circuito de las plazas de segunda
-Artísticamente siento que ha resultado de las más redondas de mi trayectoria. Puede que haya pagado un poco el hecho de abrir plazas. Por ejemplo, la faena de Albacete, que creo es de las más macizas de mi temporada, estoy seguro de que, si en lugar de hacérsela al primero, se la hago al tercero habría cortado las dos orejas. He tenido ahí ese hándicap con el que he sufrido mucho porque ha sido de los años en que he cuajado más toros, y sin embargo numéricamente no corresponde una cosa con la otra.

-Su concepto del toreo es muy clásico, en el que prima más la pureza a la hora de la ejecución que el rejoneo más revolucionario, ¿compite en inferioridad con esos compañeros más dados al efectismo?
-Sabemos que el toreo pasa por diferentes etapas y modas. Hubo una de mucha espectacularidad cuando estaba Ginés Cartagena. Después vino otra muy clásica con la irrupción del maestro Pablo Hermoso, en la que se valoró mucho el toreo muy puro Y ahora llevamos unos años en que hay una tendencia más proclive hacia el espectáculo sin quitar méritos al concepto de cada rejoneador. El miedo que da es que se pierda la esencia del oreo, por eso siempre he sido muy fiel a mi concepto y ahí es donde tengo que marcar mi diferencia con mis compañeros. Ese concepto se traduce en torear, enganchar al toro, que haya naturalidad, armonía y suavidad. Lo que provoca que cuando lo consigues parezca fácil y hay veces que puede parecer hasta frío. Pero mi obsesión es esa; buscar esa difícil facilidad. Sé que seguramente me ayudaría ser más orejero buscando la espectacularidad, pero creo que el ingrediente fundamental de mi toreo  es la pureza de lidiar y torear.

-Mucho se ha hablado de la crisis del sector, pero quizá no lo suficiente del recorte que han sufrido las corridas de rejones.
-Si tomamos como referencia ocho años atrás, en la actualidad se ha producido una bajada de casi un 60%. Antes, el primero toreaba cerca de cien corridas y ahora torear 38. Se ha reducido una barbaridad y los sitios son lo que son.

 

El aporte de los más jóvenes

La madurez de un rejoneador suele coincidir también con la de su cuadra. Se podría decir que ambas van de la mano. De esa manera el tránsito que supone incorporar caballos nuevos es mucho más suave. Así lo entiende Sergio Galán: “Este año he incorporado tres caballos nuevos que de mitad de temporada para adelante han salido todos los días. Los más veteranos están en muy buena forma. Me encuentro con una cuadra amplia y renovada. En resumidas cuentas, muy completa, que está en su mejor momento”.
En cuanto a esos caballos nuevos, hijos del semental Vidrié, el rejoneador madrileño los ensalza por su aporte en la cuadra: “De las novedades de este año como eran Embroque, Bambino y Capricho, los tres se han cuajado y espero mucho de ellos en 2018. Además, hay otros que están a punto y de los que espero lo máximo”.

Revista: Aplausos
Texto: Antonio Girol
Fotos: Arjona