Cuenca sonaba a tormenta. Pero a las 6:30 de la tarde, ya sólo sonaban clarines y timbales. A pesar de que el ruedo sí desvelaba la chupa de agua que había caído ayer en la ciudad. Un ruedo que era un problema para el toreo a caballo. Puesta por delante la dificultad de agarrarse al piso, Amuleto recibía al primero de la tarde. A portagayola. Ahí donde se pone de verdad. Un primero que salía apretando y acortando terrenos. Embistiendo a arreones. Un astado que también sufrió el mal estado del ruedo y resbalaba de salida. Con todo, salía Titán. Un caballo que ya se ha ganado en el ruedo el adjetivo de torero. Ponía tres banderillas y pasaba el testigo a Capricho, que protagonizó unos palos llenos de torería y trabajo con un toro muy metido en tablas. Óleo ponía punto y final con un rejonazo en todo lo alto a la primera faena de la tarde, de la que pasaría un trofeo.
Artista. El torero, y el caballo que con ese nombre recibía al segundo. Artistas también los que salieron y lucieron un tercio de banderillas con mucha torería. Embroque y Bambino, entre banderillas y pasadas, quiebros y embroques, despertaban el aplauso del tendido conquense que terminó de poner en pie Capricho, con un par a dos manos. Otra vez Óleo en el ruedo, un rejón que obligaba al descabello convertía la faena en una importante ovación. En casa. Ahí donde nació este toreo. Donde ser fiel a un estilo se convirtió en forma de vida. Clásico. Puro. Galán.

#puroGalán