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La prensa aplaude la Puerta Grande de Galán en San Isidro

EFE (Juan Miguel Núñez): La otra Puerta Grande fue para Galán, que había cumplido una meritoria
actuación en su primero, toro que no colaboró nada. Los cites de
frente, dándole todas las ventajas al animal, las reuniones en los
medios, lo que se dice el toreo de poder a poder. Sin embargo, faltó
la rúbrica en la suerte suprema, esfumándose el posible trofeo.
Cambió el panorama en el quinto, con un Galán tan crecido como
intuitivo, de pasión contenida para buscar el triunfo con tanta fuerza
como serenidad, desde la pureza y clasicismo. Un rejoneo que ya se
práctica muy poco, pero que es la mejor herencia de la historia de
este arte.
Pausado y sin "ruidos", no obstante se permitió unas piruetas finales
muy a modo, arriesgando y dejando llegar mucho al toro, dentro de la
tónica del temple y la inmaculada estética. Rejoneo de mucha categoría
que tuvo su cenit en un formidable par a dos manos montando a "Apolo".
Chapeau para Galán y su cuadra. Cortó las dos orejas sin discusión
Cultoro (Marco A. Hierro) Lo hizo un Sergio Galán decidido y seguro de saberse ganador con su clásico concepto en el quinto por haberlo traicionado en un punto en el segundo. Lo hizo un torero que buscaba sentirse en los veinte minutos más redondos que ha cumplido en Las Ventas con un mansurrón a contraestilo al que dejó llegar mucho al pelo de Amuleto para encelar exhibiendo su difícil facilidad para templar el destemple. Fue el delicioso manjar en el menú, que subió los tenedores cuando Vidrié le limpió la cara con los pechos al semoviente con total limpieza, y cuando le ofreció la grupa a una cuarta para que no se aburriera de morrar el pajuno animal. Fino pescado de dorado lomo el del par a dos manos en el que Apolo aguantaba la tarascada como el que aguanta la cola en la pescadería.
Valor sin aspavientos del caballero limpiando el polvo a la amplia testud a la salida de unas cortas de no menos corto espacio en la salida. Seguro rejonazo de perejil a la hora de presentar un plato perfecto con imperfectas espinas y dejar a los comensales satisfechos por cuarta vez en este coso. La furgoneta esperaba en la Puerta Grande para pasear el rotundo triunfo de cortarle dos a un toro.

El Mundo (Zabala de la Serna): Sergio Galán lo bordó a lomos de "Vidrié", auténticos muletazos con las misma panza. Ni siquiera hacía falta clavar. Y sin banderillas toreaba. Pura maravilla y auténtica torería. Pues todavía sobre "Apolo" seguiría en su línea alcista. Un par a dos manos, decolgado el caballero, asomado al balcón y por delante, tuvo un impacto bárbaro. Magistral. Tres cortas de despedida y el desplante del teléfono. Ardía el personal. El rejonazo se hundió, algo trasero, y estalló la pañolada. Dos orejas para la mejor faena de la tarde con el mejor toro de Luis Terrón, dentro del orden de la corrida. Qué buen torero a caballo es Galán.

Burladero: Pero con el quinto, el madrileño produjo el momento más aclamado de la tarde, tampoco era encastado el animal, y le había rejoneado y banderilleado fuera de centro sobre Amuleto y Vidrié, no parecía que la cosa fuese a mayores, cuando apareció con el hermoso Apolo, color perla, puso al toro en los medios, le pavoneo largamente, trotando a compás de las palmas, se fue a las tablas y desde allí lento, de frente, cabalgó para cuartear en el último instante y dejar el palo arriba. El galleo posterior produjo una tempestad de adrenalina en el tendido, y lo predispuso a la batalla por las dos orejas.

Mundotoro: Galán, que sorteó un buen toro al que enceló con Amuleto, se fue de frente con Vidrié – brillante el conquense con este caballo – y cerró el tercio de banderillas con Apolo, dejando de nuevo patente su concepto clásico y elegante.

Aplausos: Sergio Galán, que desorejó al quinto de la tarde, un toro manejable al que le faltaron finales. El conquense demostró su concepto clásico del toreo a caballo, sobre todo con Apolo. Arriesgó mucho yendo con mucha pureza al toro. Hubo mucha profundidad montando a Apolo. También se gustó en un carrusel de cortas con Charro, que también fue el caballo que utilizó para dejar un certero rejonazo de muerte.

El País (Antonio Lorca): Sergio Galán estuvo arrollador en el quinto, en el que salió a por todas, y culminó su labor con un llamativo par de banderillas a dos manos que fue, quizá, lo más artístico del festejo. Mató con acierto y se ganó la salida a hombros.

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