Go to Top

– HERMOSA GENEROSIDAD, FEA INTRANSIGENCIA (crónica mundotoro.com)

HERMOSA GENEROSIDAD, FEA INTRANSIGENCIA

Que Pablo Hermoso de Mendoza es el más grande en la historia del rejoneo no lo duda nadie. Que ha revitalizado este arte dotándolo de importante categoría, tampoco, y que va a defender su privilegiada posición con autoridad y mando ante el ímpetu juvenil de la nueva hornada de jinetes, ídem de ídem. Viene esto a colación porque el presidente del festejo de hoy, posiblemente para que lo descrito quedase de manifiesto, cerró la Puerta Grande a GALÁN a pesar de la unanimidad con la que la demandó el respetable, juez soberano del espectáculo. ¿Qué pinchó una vez antes del rejonazo definitivo? Lo importante era poner la plaza como la puso el conquense después de la exhibición del centauro de Estella.

Había puesto la Misericordia en pie el navarro tras una lidia magistral al quinto de la tarde y quizá por esta circunstancia GALÁN se fue a chiqueros a recibir al Toro de la Jota. Caso omiso le hizo en primera instancia Napoleón (que así se llamaba el cornúpeta) al caballero de Tarancón, que seguidamente lo enceló con ‘CHARRO’ con la figura erguida y mirando al público.

Pero fue a lomos del bayo ‘MONTOLIÚ’ con quien empezó a inclinar la balanza a su favor. Estuvo cumbre el equino homónimo del inolvidable banderillero valenciano, que quebró al astado por dos veces en el centro del ruedo con gran pureza y despaciosidad. ‘CICLÓN’ y ‘REVOLERA’ mantuvieron e incluso subieron el diapasón de la faena, que coronó Mago, como antes quedó apuntado. Antes, en el tercero, brilló a lomos de ‘CAPEA’ y ‘CAMINO’, con los que hubo de llegar mucho al murube de Bohórquez, parado a pesar de haber recibido un solo rejón de castigo.

Parecido comportamiento, noble pero algo falto de chispa, tuvo el lote de Hermoso. El navarro también castigó con un solo rejón a su primero, con quien brilló a lomos de un templado Chenel y un valiente Sármata, a quien, vista la predilección del navarro por llamar a sus equinos como afamados matadores de toros, perfectamente podría rebautizarlo como ‘Castella’. El quinto fue mejor toro y la labor del navarro adquirió mayor dimensión.

Tras parar al astado con Curro, cubrió el tercio de banderillas con la vieja guardia (Labrit y Fusilero), dos equinos de dieciséis y veinte años respectivamente según indicación del marcador luminoso del coso de Pignatelli. Las ‘rotaciones’ de Hermoso, que dejaron a caballos como Merlín ‘en la grada’ no se notaron, pues la sobriedad de ambas cabalgaduras, junto a las piruetas y los alardes a la salida de cada embroque fueron celebradas efusivamente por el respetable. La obra fue rematada con brillantez por Sármata, un seguro de vida en el último tercio y una de las claves por las que Hermoso ha batido todos los récords de trofeos esta temporada.

Moura por su parte, cuajó una de las tardes más completas de su campaña y si sólo cortó un trofeo del cuarto, con el que anduvo elegante, clásico y hasta un punto espectacular, fue porque en el primero, cuya faena fue más redonda y maciza, nadie se acordó de agitar el cojín para pedir la oreja, pues el maestro anduvo además certero y efectivo con el rejón de muerte.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+