Una vez más, de tantas otras, Amuleto y Galán se situaban frente a frente con la puerta de chiqueros para recibir al primero de su lote. Lo que no sabían, es que por esa puerta del infierno, y a la vez de la gloria, saldría un toro de El Canario cuanto menos manso, que apenas se fijaba en el caballo. Siempre atento a tablas. Ambos conseguían fijar algo al animal tras tres rejones de castigo. Algo que solo duró unos instantes. Galán tuvo que invadir por completo los terrenos del toro, en querencia en su mayoría y pegado a tablas, donde pudo arrancar de cuajo la faena sobre Trópico y Capricho. Finalmente, Óleo ponía fin a la faena. Una de esas que se sellaban con esfuerzo. Y así lo reconoció el tendido de Aranda de Duero, que sacaba al rejoneador a saludar desde el tercio.
De la mano del segundo. O más bien de la mano de los caballos y del rejoneador, sumados a algo más de actitud del segundo, venía la puerta grande. Dos orejas que cortaba a un mansurrón ejemplar de Él Canario. Artista le recibía de salida. Mientras que Embroque y Titán, mano a mano, se encargaron del tercio de banderillas. Óleo cerraba de un rejonazo esta última faena de la tarde con la que Galán abandonaba la Plaza de Toros Ribera del Duero sin pisar el albero.
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