El paseíllo “Ivan Fandiño” sonaba en el Coso de Las Cruces y, sobre el ruedo, se rendía homenaje al maestro Manuel Vidrié. Entonces, el turno era para Sergio Galán. Sobre Amuleto recibía al primero de Luis Terrón, a portagayola. Así, clavaba sobre Amuleto un rejón de castigo que conseguía fijar la atención del astado, pues cualquier movimiento en el callejón le despertaba más interés que el caballo. Con el tercio de banderillas salían Embroque y Titán. Ambos dos caballos ponen su firma en esas faenas complicadas, consiguiendo arrancar de la nada suertes donde cualquiera ve mansedumbre. Embroque robaba terreno a este primero para clavar tres palos revestidos de pasadas y cambios de grupa. Por su parte, Titán traía los quiebros, las piruetas… Una labor para la cual Galán tuvo que tirar de recursos ante la acusada fijación hacia tablas del animal. Óleo cerraba con tres banderillas cortas una faena de mucho mérito que malograba con el rejón de muerte. Título de esfuerzo reconocido por el tendido de Las Cruces, que sacaba al torero al tercio para saludar. 
La oreja vino en el segundo. Una faena que volvía a llevar de titular el esfuerzo, la insistencia y los terrenos del toro. Una cuadra que, representada por Trópico y Bambino, brilló en el tercio de banderillas. Las pasadas fueron, en este cuarto, las protagonistas ante un toro de Luis Terrón que parecía centrarse tras sangrar el primer rejón de castigo, colocado sobre Artista. Óleo pisaba de nuevo el albero para clavar una rosa y traer el rejonazo que dejaría al animal sin puntilla. Una faena de respuesta por parte de quien es una auténtica y clásica figura del rejoneo. 
#puroGalán