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Así habla la prensa de la gran actuación de Galán en Las Ventas

    Mundotoro. “Galán tuvo el peor lote cortando una oreja al que abrió plaza mientras que el cuarto fue el toro más venido abajo. El primer toro de Los Espartales que abrió plaza saltó al callejón. Tras haber salido al ruedo, el ejemplar puso las manos en la barrera de nuevo e intentó otras dos veces saltar aunque no lo consiguió por su falta de fuerza. El toro tuvo la condición de manso con muy poco celo que supo aprovechar y medir muy bien Sergio Galán montando a Vidrié y Apolo. Con éste último le llegó muy cerca para evitarle las querencias dejándose llegar al toro muy despacio. La faena tuvo calidad pero sobre todo despaciosidad. Mató de un buen rejón de muerte y consiguió la primera oreja de la tarde.

El cuarto toro del festejo bajó mucho la intensidad de la tarde porque no tuvo celo ni raza. La actuación de Galán tuvo buena nota montando a Ojeda por la forma de darle el pecho de la montura una y otra vez al toro. El de Los Espartales se vino muy abajo. Mató de pinchazo y rejón certero. Afloraron algunos pañuelos en los tendidos y Galán recogió una ovación”.

    Mundotoro. Carlos Ruiz-Villasuso. “Galán se acopló al primero con lucidez precisa, con esa forma tan de no hacer ruido que tiene. Toro para llegarle mucho y lo hizo despacio, de frente, sobre todo con Apolo. Esa limpieza que tú me acusas de no tener la tuvo Galán en ese toro. Lo del cuarto fue diferente. Toro para provocarle primero y para meterse en su terreno después y con Ojeda lo hizo dándole siempre pecho y cara al caballo. Cansino toro de aplomada casta y faena de llegar y salir de los embroques de forma limpia. Lo pinchó una vez y hubo hemorragia en el rejonazo segundo. No gusta eso en este público de rejones tan dispuesto a vivir feliz”.

    Burladero. Mario Juárez. “Sergio Galán se quedó con la miel en los labios por un pinchazo en el cuarto. El conquense alcanzó un gran nivel con el lote más deslucido. El primero fue un manso que saltó al callejón y después embistió a base de arreones, poniéndose por delante y cambiando la velocidad. Galán lo templó mucho a lomos de Vidrié, con golpes de costado y dándole las ventajas. Con Apolo la lidia llegó a momentos altísimos, llegando mucho con el caballo, que siempre dio el frente y con el que clavó muy bien. La oreja que abrió la espita tuvo fuerza.

Otra pudo pasear en el cuarto de no ser por el pinchazo y el vómito del rejonazo. El toro, sin maldad, se rajó mucho y todo tuvo que ponerlo Galán, que lo hizo a lomos de Ojeda, un gran caballo que hizo honor a su nombre y se metió en los terrenos del todo con limpieza y apuesta. Lo hizo el jinete, que antes había dejado momentos importantes con Montoliú".

    El País. Antonio Lorca. “Muy bien Sergio Galán, sobrio, pero dominador ante el lote más insulso y descastado. Lo tuvo que hacer todo, y expuso hasta el límite para lucirse en ambos toros en los tercios de banderillas. Cortó una merecida oreja en el primero y la falta de puntería en el otro le impidió la salida a hombros”.

    Opinionytoros.com. Beatriz Cano. “En “el gran duelo en la cumbre” Sergio Galán parecía estar condenado a ser el comodín el convidado de piedra, el de relleno…pero se encargó el conquense de demostrar que eso no iba a ser así. A pesar de que le tocó bailar con la más fea, pues su lote fue el peor de la corrida, supo el de Tarancón sobreponerse a las circunstancias y a base de bregar y bregar con los mansos, cortar una oreja, que pudieron haber sido dos, si no hubiese fallado con el definitivo ante el cuarto de la tarde. Abrió plaza el castellano manchego ante un toro manso y saltarín que se coló en el callejón intentándolo por segunda vez aunque su escasa fuerza no se lo permitió. Cuajó una gran actuación a lomos de Vidrié, citando siempre de frente y batiendo a pitón contrario de forma espectacular. Arriesgó con Apolo en un ajustado y templado galope a dos pistas. Un carrusel de cortas y un rejón en toda la yema, de efecto inmediato, fueron la rúbrica a una gran faena en la que el de Tarancón tuvo que poner toda la pimienta que le faltaba al mal ejemplar de Los Espartales. Una oreja cortada a ley fue el merecidísimo premio a tan gran actuación.

Poco pudo hacer con el cuarto, el peor ejemplar del encierro, un toro desentendido que no acudía a los embroques ni queriendo… Lo intentó con Montoliú, estrella indiscutible de su cuadra, pero como dice el refrán… mucho arroz para tan poco pollo…citó de frente Montoliú, clavó al quiebro pero poco más… Con quien sí logró brillar fue con Ojeda, quien hizo honor a su nombre pisando terrenos inverosímiles e inventándose una faena que nunca había existido. Un pinchazo y un rejón con vómito le impidieron pasear una oreja que le hubiera abierto la Puerta Grande de Madrid”.

    Agencia EFE. Juan Miguel Núñez. “Galán fue la precisión y el clasicismo por encima de otras connotaciones también muy buenas de su estilo. Tuvo mucho mérito que llegara a meter en vereda al mansísimo primero, cuajándole con una actuación muy seria y honda. Una oreja de peso.
El cuarto, muy distraído, muy parado, no aportó absolutamente nada. Y otra vez estuvo Galán muy por encima de las circunstancias, certero y muy puro en todo. La mala colocación del rejón final le quitó muchos pañuelos para la oreja que le hubiera significado la salida a hombros”.

    Marca. Carlos Ilián. Sergio Galán, un exquisito del temple a caballo. "Sergio Galán, sin aspavientos, cortó una oreja al primer toro. Este rejoneador hace fácil todas las suertes, además de dominar la monta dentro de la mejor escuela. No pudo redondear la tarde porque el cuarto, blandísimo, el templado toreo de Galán".

    La Razón. Ismael de Prado. “Sergio Galán completó el cartel en su único paseíllo en Madrid. El de Tarancón abrió plaza con un animal que barbeó en tablas hasta saltar al callejón, particularidad frecuente en esta divisa. Mansito, que pagó dichos esfuerzos, pero que le permitió exhibir a dos tordos de su cuadra: «Vidrié» y «Fado». Un rejón casi entero le valió un apéndice.

En el cuarto, «Montoliú» no estuvo tan torero como otras tardes, pero «Ojeda» le suplió con creces pisando terrenos comprometidos siempre dando el pecho al toro. Un pinchazo dejó la oreja, sinónimo de puerta grande, en una mera ovación en el domingo de la resaca".

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